Porta Soprana

Porta Soprana

Via di Porta Soprana. (Abre el mapa)

Descripción

Porta Soprana es la puerta medieval de Génova: dos altas torres almenadas a los lados de un gran arco, en lo alto de la colina de Sant'Andrea. Era la entrada oriental de la ciudad y hoy marca el paso entre el casco antiguo y la Génova moderna.

Se construyó a partir de 1155 con las murallas de Barbarroja, levantadas a toda prisa para defender la ciudad de las ambiciones del emperador. El nombre viene de Superana: la puerta estaba más alta que el resto de la ciudad.

Ya existía un paso en este punto en el recinto amurallado más antiguo, de los siglos IX y X, en el camino hacia Roma. Junto con Porta dei Vacca, es una de las pocas puertas medievales de Génova que han llegado hasta hoy.

El detalle que hay que buscar son las dos inscripciones latinas en los lados interiores del arco. Habla la propia Génova, en versos llenos de rimas: «Estoy defendida por hombres, rodeada de magníficas murallas, y con mi valor rechazo lejos los dardos enemigos».

Luego, la advertencia al extranjero: «Si traes paz, se te permite tocar estas puertas; si buscas guerra, te retirarás desdichado y vencido». El juego de palabras es intencionado: el nombre medieval de Génova, Ianua, significa precisamente puerta en latín.

La segunda inscripción enumera las victorias sobre los sarracenos, de África a España, con la conquista de Almería y de Tortosa, y termina con los nombres de los cónsules en el cargo en 1155, el año en que se empezaron las nuevas murallas.

Las torres se pueden visitar, junto con la cercana Casa de Colón, hoy casa museo. Junto a la puerta quedan también los arcos del claustro de Sant'Andrea, el único resto de un convento derribado en 1904 para abrir la via Dante.

Lo que se ve hoy es en buena parte una reconstrucción. Desde el siglo XIV, perdida su función defensiva, la puerta quedó engullida por las casas del barrio de Ponticello, y sobre el arco se construyó una vivienda.

En aquellas habitaciones vivió, en el siglo XIX, el hijo de Sanson, el verdugo que había guillotinado a Luis XVI. En el mismo siglo las torres se convirtieron en cárcel, con el alojamiento de los carceleros.

Fue el arquitecto Alfredo d'Andrade, a caballo entre los siglos XIX y XX, quien le devolvió el aspecto que debía de tener en el siglo XII, con las almenas y las águilas de los capiteles. La torre sur quedó encerrada en un edificio hasta los años treinta, cuando se derribó Ponticello.